Respirar un aire diferente. Fin de semana rural

Qué bien sienta alejarse del ruido de la ciudad, el tumulto de la gente, la rutina diaria y respirar, aunque sea por unas horas o días, un aire diferente.

Eso mismo es lo que hice yo la semana pasada. Tenía ganas de salir de Madrid, desconectar, tener otras vistas y, sobre todo, disfrutar del silencio. De ese silencio que sólo encuentras en un lugar recóndito, pequeño, casi deshabitado, donde no se escucha ruido alguno, ni de coches, ni de teléfonos, ni de las teclas del ordenador… Por no escucharse no se escucha ni a la gente de alrededor. En resumen, un lugar perfecto donde disfrutar de ese silencio que en algunas ocasiones todos necesitamos.

En realidad, para que ese silencio y paz fueran plenos lo ideal sería perderte tú sola (o con tu pareja) por alguno de estos parajes solitarios que antes comentaba, pero en esta ocasión mi escapada no fue así exactamente. Fui acompañada por 9 amigos, un bebé y una perrita muy graciosa. Sí, no puedo decir que fuera un fin de semana totalmente tranquilo, pero el objetivo de desconectar y respirar un aire diferente lo cumplí. 🙂
vallesanpedro

Durante casi tres días hubo de todo: barbacoa, paseos relajantes, fútbol, siesta, turismo y hasta fiesta de disfraces. El tiempo cambió durante todo el fin de semana, pero nos permitió disfrutar de la barbacoa del sábado y de una visita fugaz a Pedraza el domingo por la mañana.

cartelVeo que al final me enrollo y no os digo donde fuimos, que es lo que os quería contar en un primer momento cuando decidí comenzar a escribir este post. El pueblo en cuestión se llama Valle de San Pedro y está situado en la provincia de Segovia. Está ubicado en un entorno inmejorable, cerca de Pedraza, Navafría, Sepúlveda, las Hoces del río Duratón y Prádena. Sólo cuenta con 193 habitantes y poco más de cincuentas calles lo conforman, pero aún conserva un antiguo lavadero, un puente de herrar y una vieja tejera con sus hornos árabes.

¿Cómo llegamos hasta este pequeño rincón natural? Buena pregunta. La mayoría de las veces (a mi me pasa mucho), cuando quieres ir de fin de semana rural, lo primero en lo que te fijas es en el alojamiento y que este cumpla con las expectativas buscadas, dejando en un segundo plano las características del entorno. Te interesas por dónde está ubicada la casa, que no esté muy lejos, y que el pueblo donde esté o el que tenga cerca sea grande. En lo demás profundizas una vez ya has hecho la reserva. Eso mismo nos pasó a nosotros. Primero reservamos y después descubrimos los encantos de la zona.

Aunque el entorno nos cautivó, reservar en esa casa rural fue un acierto, porque al llegar nos encontramos con La Canaleja, una bonita estancia de dos plantas,  5 enormes habitaciones, 4 baños, una gran cocina y salón-comedor y un cuidado jardín.

La lluvia incesante del fin de semana nos dio una tregua el sábado a mediodía para hacer una sabrosa barbacoa; sin embargo el jardín contaba con un agradable porche que hubiéramos utilizado si la cosa empeoraba y la lluvia hubiera arruinado nuestro mediodía de parrilla.

El interior de la casa estaba impecable y tenía una decoración muy cuidada. Predominaban los techos altos, las estructuras de vigas de madera, los muros de piedra y los suelos de barro.

Con este post no quiero promocionar la zona ni tampoco la casa rural donde estuvimos, simplemente contar mi experiencia de fin de semana y animaros a desconectar de la ya tan manida ciudad y disfrutar de un agradable escapada rural.

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