Bérgamo, preciosidad desconocida

Me siento bien cuando viajo a Italia. Es como estar en casa. Aunque cada viaje sea una aventura nueva, un descubrimiento diferente, tengo la sensación de no ser una extraña, una turista más, sino de pertenecer de alguna manera a este país que tanto me fascina.

Todos los años me planteo, como mínimo una vez, visitar tierras italianas. Disfruto de su rica historia cultural y artística y como no, también de su gastronomía, una de mis preferidas. Otras de mis pasiones es el idioma, tan poético y melódico. Bueno, en gran parte a esto ayuda el acento que cada uno le ponga, pero me parece una lengua optimista y elegante. Lo estudio desde hace cinco años y, no os engañéis, no es tan fácil como todo el mundo cree.

Para este viaje barajamos muchas opciones. Primero queríamos visitar la zona de Perugia; después nos convenció más por Nápoles, pero finalmente vimos que era casi imposible cuadrar horarios de trenes para las fechas que íbamos a estos destinos, y decidimos, aprovechando los vuelos low cost de Ryanair, visitar Bérgamo. En un principio, el lugar de destino no nos llamaba mucho la atención, ya que nuestro verdadero objetivo sería movernos desde allí a otros lugares que pensábamos que podrían ser más bonitos. Qué equivocadas estábamos.

Cuando llegamos a la pequeña ciudad lombarda de Bérgamo, su paisaje nos deslumbró. La mitad de su territorio está cubierto por los conocidos Alpes Oróbicos, un espectáculo natural que ya se divisa desde la misma pista de aterrizaje del aeropuerto.

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Al poner un pie en la ciudad, a la 13.00 h de la tarde, lo primero que hicimos -lo teníamos clarísimo- fue sentarnos en una encantadora terracita cerca de la estación de autobuses y disfrutar de nuestro primer cappuccino bergamasco. Una auténtica delicia.

Después del pequeño parón, nos dirigimos directamente hasta nuestro Bed&Breakfast, B&B Room Italy. Estaba relativamente cerca de la estación de tren y del transporte que nos llevaría después a conocer los rincones de la llamada ‘Cittá Alta’.

20160514_144216No lo he comentado, pero la ciudad de Bérgamo tiene varias alturas. Y son dos partes muy bien delimitadas. La ‘Cittá Bassa’ en donde teníamos nuestro hotel y es un parte más moderna y animada, ya que la mayoría de la gente vive en esta zona. No por ello deja de tener encanto sus terracitas, plazas porticadas, bulevares y restaurantes.

Sin embargo, el mayor flujo turístico se concentra en la parte alta, la medieval, situada en lo alto de una cima y dentro de un bonito recinto amurallado. Se puede acceder a ella en coche, autobús y funicular. Nosotras elegimos este último para disfrutar de las vistas que ofrece la subida.

Una vez arriba, te encuentra con un entramado de calles empedradas, estrechas y empinadas. En realidad me recuerda mucho a Toledo, tal vez por eso me ha gustado tanto.

Lo bonito de esta zona es conocerla a pie, perderse por sus calles, descubrir sus palacetes, iglesias, plazuelas, quedarse con la boca abierta con sus majestuosas casas señoriales y disfrutar de sus pequeños comercios artesanos, principalmente de ropa, comida y regalos.

Y por supuesto, comer o cenar en una de sus románticas terrazas. Bérgamo no es una ciudad barata, podríamos decir que es cara si la comparamos con otros lugares italianos, pero el entorno y la calidad de sus productos lo merecen.

Se nota que el turismo masificado aún no ha llegado y es bastante difícil encontrarse con las típicas tiendas de souvenirs que imperan en otras zonas. Aquí, las tiendas son de regalos de gente local y ofrecen productos algo diferentes, mucho más originales.

Es bonito sentir que la ciudad mantiene aún el espíritu de pueblo. No hay humo de coches, ni carteles luminosos, los niños juegan en los parques, pasear no es una lucha constante, se escucha el ruido de los pájaros y sientes cada pisada en el suelo; en definitiva, un lugar con ambiente pero sin agobios.

La ciudad tiene muchos sitios interesantes que visitar. Como os he dicho lo mejor es dejarse llevar por sus laberínticas calles, pero sin olvidarse de ver lugares como: La Piazza Vecchia, el Palazzo della Ragione, la Torre Civica, el Palazzo de la Republica, la Basílica de Santa Maria Maria la Mayor, la Capilla Coneolli, el Duomo, la Torre de Gómbito, la Rocca…

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Bérgamo no se encuentra entre las primeras ciudades italianas que visitar, pero bien merece considerarse como un destino turístico en sí mismo (razones no le faltan), y no como un lugar de paso si la escala de nuestro vuelo es larga o el destino es Milán.

¿Os he convencido para al menos plantearos visitarla?

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