Cercedilla: mi primer trail

Cuando terminé la media maratón de Madrid (ver post de la crónica y preparación) me quedé con ganas de correr más carreras, pero con el calorazo que viene en esta época del año da pereza apuntarse a carreras por asfalto. Así que, entre engañada y animada, decidí apuntarme a un trail por montaña (así, un poco más fresquito) en Cercedilla. Últimamente he tenido muy poco tiempo para entrenar y me daba miedo ir a la carrera con pocos días de entrenamiento y las sesiones de pilates.

Aún así me armé de valor y allí que me planté a correr mi primer trail. Éramos muy pocos corredores y a todos se les veía muy preparados y muy pro, lo que acrecentó mi miedo de quedar la última (sí sí, reiros pero es mi trauma). El número de mujeres era muy reducido pero os puedo asegurar que dimos la talla! La carrera empezó con el pistoletazo de salida a las 10:30. Empezamos todos llanito y a los 20 metros ¡oh sorpresa!: primera cuesta interminable (en ese momento no sabía lo que me quedaba por subir…ilusa). A los 650 metros de la salida ya estaba andando y parecía que llevaba corridos 10km. Y veeenga subida por plena montaña hasta el kilómetro 4. Para mí en la montaña el esfuerzo se multiplica por 10, ¿no os pasa?

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No paraba de pensar “pero qué duro es esto,si es que no me lo imaginaba así, qué narices hago aquí metida, que no voy a poder…”. Ya estaba ahí el kilómetro 5 y su bajada de 3km; cómo disfruté esos kilómetros, qué gustazo sentir el aire de la montaña, la sensación de libertad y la gente animando… ¡momento de gloria que os recomiendo experimentar! Es lo que más me gusta de las carreras, el sentirte arropado y fuerte.

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Pero sabía que quedaba una vuelta al mismo recorrido con sus subidas y empedrados (ay, madre mía, respira) y pensé abandonar. Entonces la imagen de mi madre vino a mi mente y también su “Hija en la vida lo que se empieza se acaba”. Así que cogí aire y saqué fuerzas de donde pude y me hice esa segunda vuelta que asombrosamente se me hizo muchísimo menos dura que la primera.  A escasos 3 km de meta, en terreno llano, llegó mi piñazo 😦 y como una sabe caer con estilo solo sufrí magulladuras en las manos y un golpe en el cuádriceps. No me asusté, me levanté y seguí corriendo porque tenía cerca la meta, que la saboreé con mucho gusto (y el isotónico también 🙂 ).

Las carreras de montaña no tienen NADA que ver con las de asfalto, son muchísimo más duras y hay que ir bien entrenados, pero oye ¡tienen su gustillo! y puede que repita.

Un consejo: animaos a hacer todo lo que os gusta en la vida porque somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos.

locura

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